
La vida no sabe nada de la muerte; su imperativo es perdurar. El fundamento de las creencias religiosas parece surgir de ese juego polar y trágico entre la vida y su final. ¿Pero acaso hay un fin? Los cultos tradicionales prometieron cielos indefinidos e ingenuos que no se corresponden con la vastedad y la complejidad de la existencia cósmica. ¿Hay un más allá de la muerte?
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