Si usted cree ciegamente en alguna de las 4.200 religiones que existen en el mundo, seguramente su fe merezca un hueco en uno de esos 4.200 cielos que habitualmente se contradicen unos a otros.
Durante milenios, millones de personas han creído en dioses que hoy ni siquiera se recuerdan. Los humanos les rezaron, les erigieron templos e incluso mataron por ellos, pero hoy aquellos seres todopoderosos no existen.
Tampoco existían entonces, pero ahora no existen ni en la memoria colectiva. Son religiones extinguidas.
Un paseo por la mayor colección privada de manuscritos del mundo, con casi 14.000 piezas que se remontan a los 5.000 años de antigüedad, podría hacer temblar las convicciones de cualquier persona religiosa.
Con sede en Oslo y Londres, la colección fue iniciada en el siglo XX por el noruego M.O. Schøyen. Contiene más de 13.000 artículos de manuscritos de 134 países y territorios diferentes, que representan a 120 lenguas distintas, y abarcan 5.000 años de historia. Su polémico objetivo: salvaguardar estos documentos de los desidiosos países donde fueron hallados.
Los ejemplares de esta colección incluyen rollos del Mar Muerto, manuscritos del Guenizá del Cairo, la Epopeya de Gilgamesh, escritos clásicos de Homero y Hesíodo, papiros de Oxirrinco, diversos papiros bíblicos y gnósticos, manuscritos budistas, etc.

Listado de los barcos de los dioses.Texto escolar. Civilización babilónica. II milenio a. C.
Todo comenzó alrededor de 1920, cuando los colonizadores occidentales pensaban en solo adueñarse de los mejores artefactos y reliquias para llevarlas a Europa.
El ingeniero noruego M.O. Schøyen (1896-1962), siempre tuvo gran fascinación por la literatura mundial y las antigüedades. De joven, comenzó a coleccionar manuscritos que hablaban sobre leyendas de su tierra, y pronto expandió su objetivo más allá de las fronteras, consiguiendo volúmenes de literatura, historia, ciencia y filosofía de tiempos ancestrales. Cuando falleció y la colección fue heredada por su hijo, Martin Schøyen, la colección alcanzaba los 1000 ítems.

Listado de madera para barcos. Época sumeria. Año 2040 a. C.
Lejos de conformarse, Martin incrementó la colección de su padre considerablemente, adquiriendo importantes manuscritos, monedas y otros artefactos que podrían ser considerados un patrimonio cultural de la humanidad. Además, agregó a la lista guiones de películas importantes y partituras.
BIBLIA GRIEGA - LEVITICUS
TORRE DE BABEL
Escrituras sagradas A través de su historia, la prioridad para la Colección Schøyen ha sido reunir manuscritos bíblicos; según reza en su sitio web: «la Biblia es el libro más influyente e importante que ha sido escrito». La primera adquisición de importancia en este aspecto fue en junio de 1986, con el volumen 3 de la monumental biblia románica de la Abadía de Geraardsbergen.

Canales de irrigación del río Éufrates. Época babilónica. II milenio a. C.
En 1988, Schøyen sumó varios rollos del Mar Muerto, textos gnósticos que se cree fueron escritos en los tiempos de Jesucristo. Desde entonces, la organización se hizo con la Biblia de Santa Cecilia, la única biblia carolingia en manos privadas; el Codex Sinaiticus del monasterio de Santa Catalina, un manuscrito uncial del siglo IV de la versión griega de la Biblia escrito en scriptio continua entre los años 330 y 350; y los Evangelios de Liesborn del siglo X.
MS 035 (Biblia): ‘CODEX SINATICUS ZOSIMI RESCRIPTUS’
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Adquisiciones ilegales
De acuerdo al sitio web de la organización: «La importancia y naturaleza única de los materiales en la Colección Schøyen va más allá del ámbito de una colección privada o pública. Estos manuscritos son un patrimonio de la humanidad, una memoria del mundo. No pertenecen realmente a la Colección Schøyen y su dueño, quien es solo un custodio privilegiado, tampoco le pertenecen a una nación en particular, persona, religión o cultura, sino a la humanidad entera, siendo propiedad de todo el mundo».
Sin embargo, parece que muchos países no están de acuerdo con esta redundante declaración.
Han surgido alegaciones que acusan a la Colección Schøyen de haber adquirido algunos de sus materiales por medio de prácticas turbias, desde robos colonialistas hasta contrabando en países sumidos en la guerra.
Han surgido alegaciones que acusan a la Colección Schøyen de haber adquirido algunos de sus materiales por medio de prácticas turbias, desde robos colonialistas hasta contrabando en países sumidos en la guerra.
Por ejemplo, en 2003 el Consejo Supremo de Antigüedades (SCA) de Egipto demandó que se le regresaran 17 ítems egipcios en posesión de esta organización privada. El SCA afirma que estos objetos fueron robados de su tierra nativa. El mismo año, el Ministerio de Cultura de Afganistán hizo el reclamo pertinente en cuanto a manuscritos budistas que habían sido sacados del país sin permiso alguno. «La ley estipula que el patrimonio histórico y cultural de Afganistán pertenece a su gente», dijo al respecto el ministro afgano. Los rumores parecían indicar que el régimen talibán había transportado los manuscritos a Londres con el fin de subastarlos. Al igual que con el caso egipcio, la Colección Schøyen rechazó rotundamente las demandas de repatriación.

EGIPTO. (Izquierda) MS 200: Jarra de Hor Aha, Alto Egipto, decorada con el nombre de uno de los primeros faraones de la Dinastía I. (Derecha/arriba) MS 1638: Libro de los Muertos, Dinastía 18, Egipto. (Derecha/abajo) MS 2787: Objeto de arcilla con protojeroglíficos de un bote y un remo, periodo Naqada II, 3500-3100 a.C.
Su dueño, Martin Schøyen, siempre ha respondido en términos que se podrían considerar negativos y altivos, aún cuando su posición «protectora» tenga un ápice de verdad. El coleccionista ha argumentado que los países envueltos en conflictos bélicos constantemente y sujetos a vandalismo terrorista no son un lugar seguro para los preciosos manuscritos. «He armado una colección que representa a todas las religiones y culturas del mundo precisamente para crear un conocimiento sin fronteras. A la larga, uno no puede saber qué sucederá en los estados musulmanes» (Prescott and Omland, 2004).
Su dueño, Martin Schøyen, siempre ha respondido en términos que se podrían considerar negativos y altivos, aún cuando su posición «protectora» tenga un ápice de verdad. El coleccionista ha argumentado que los países envueltos en conflictos bélicos constantemente y sujetos a vandalismo terrorista no son un lugar seguro para los preciosos manuscritos. «He armado una colección que representa a todas las religiones y culturas del mundo precisamente para crear un conocimiento sin fronteras. A la larga, uno no puede saber qué sucederá en los estados musulmanes» (Prescott and Omland, 2004).
Hoy en día, y para evitar mayores ataques a su reputación, Schøyen no está adquiriendo artefactos o manuscritos que no sean occidentales, y el gobierno de Noruega ha considerado nuevamente las reclamaciones sobre la apropiación de patrimonios nacionales de otros países, particularmente de Afganistán.
Es la colección Schøyen, acumulada en Oslo por el empresario noruego Martin Schøyen. En uno de sus manuscritos, una tablilla de arcilla de hace 4.400 años, aparece una recopilación de dioses sumerios:

Enlil,
Ninlil,

Enki,

Nergal,
Inanna,
Utu,
Nanna.
Lo fueron todo. Se legisló en su nombre. Sus historias, como las de todos los dioses, eran la Verdad revelada coma por coma y punto por punto. Y hoy no son nada.

La sumeria, florecida en lo que hoy es Irak, no es la única religión extinguida representada en la colección Schøyen. También aparecen amuletos dedicados a Enki, el dios del agua dulce en el que creían los asirios hace 2.800 años; papiros egipcios dedicados a Osiris hace más de 3.000 años, espejos de bronce con inscripciones dedicadas a dioses etruscos y rituales contra la migraña practicados por los sacerdotes babilónicos hace 4.000 años.
Dogmas prehistóricos
Son cinco religiones extinguidas sin salir de la colección del empresario noruego, pero el número total de dogmas y evangelios desaparecidos es incalculable. En realidad, ni siquiera se sabe con certeza cuántas creencias diferentes siguen vivas. “Se puede afirmar con seguridad que nadie sabe con exactitud cuántas religiones hay, aunque la mejor estimación es 4.200”, señala el filósofo estadounidense Kenneth Shouler en su libro The Everything World’s Religions Book. Es la misma cifra que ofrece Adherents.com, una página web especializada en acumular datos de religiones actuales. Otros cientos habrían desaparecido, o incluso miles, si tenemos en cuenta que muchos paleoantropólogos sostienen que otras especies humanas, como los neandertales, tuvieron creencias religiosas cientos de miles de años antes que la nuestra. De aquellas especies quedan huesos fósiles. De sus religiones, ni eso.

Tablilla de arcilla de hace 4.400 años con un listado de dioses sumerios
El profesor estadounidense Daniel Abramssaltó a los medios de comunicación en 2011, cuando su equipo vaticinó mediante modelos matemáticos la desaparición de las religiones a medio plazo en los nueve países que estudiaron. Eran Australia, Austria, Canadá, la República Checa, Finlandia, Irlanda, Países Bajos, Nueva Zelanda y Suiza, países en los que los censos disponían de datos de afiliación religiosa en el último siglo.
La tesis de Abrams, de la Universidad Northwestern, y sus colegas era sencilla y ya la habían aplicado para calcular el ritmo de desaparición de idiomas minoritarios. Los científicos parten de la base de que un grupo social con muchos miembros es más atractivo para un ciudadano, y de que un grupo social tiene un estatus y una utilidad. Por ejemplo, argumentaban, en Perú puede ser más útil y tener un estatus superior hablar español que quechua. Lo mismo estaría ocurriendo con las religiones en los países ricos, en los que las iglesias se vacían. Un Eurobarómetro de 2010 mostraba que el 51% de los europeos cree en un dios, otro 26% cree en alguna clase de “espíritu o fuerza vital” y un 20% es ateo. El ateísmo es mayor en Francia (40%), República Checa (37%) y Suecia (34%), pero sigue siendo residual en países como Grecia (4%) y Rumanía (1%).
¿Agonizando?
“El hecho es que las personas sin afiliación religiosa constituyen el grupo religioso que más crece en cualquier parte del mundo donde hay datos disponibles. Y las personas sin afiliación ya son mayoría en varios lugares. Nuestro modelo sugiere que esta tendencia continuará”, explica Abrams.¿Se podría calcular cuántas religiones se han extinguido a lo largo de la historia? “Es una pregunta difícil”, responde Abrams. “Debería ser posible obtener una estimación aproximada del orden de magnitud. El problema es que incluso esa estimación sería subjetiva, porque no hay una manera aceptada mundialmente para determinar si dos sistemas tienen suficientes elementos en común como para constituir una sola religión”, matiza. “Se parece bastante a intentar contar el número de especies que han vivido en algún momento en el planeta, pero es incluso más complicado”.

En su libro Romper el hechizo: la religión como un fenómeno natural, el filósofo estadounidense Daniel Dennett propugna la investigación científica de las religiones e intenta predecir su futuro.
En una de sus hipótesis más radicales, el fenómeno religioso ya agoniza. “En este escenario, aunque puede haber algunas manifestaciones de resurgimiento locales y temporales, o incluso algunas catástrofes violentas, las grandes religiones del mundo pronto se extinguirían, como lo hacen cientos de religiones menores que se desvanecen antes de que los antropólogos puedan siquiera registrarlas”, reflexiona Dennett, codirector del Centro de Estudios Cognitivos de la Universidad de Tufts (EEUU).
En ese escenario extremo, “nuestros nietos vivirán la transformación de la Ciudad del Vaticano en el Museo Europeo del Catolicismo Romano, y la de La Meca en El Mágico Reino de Alá de Walt Disney”.
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